Una mesa el sábado, un guía privado para el martes, una salida en barco antes de que cambie el viento. Son encargos que usted o sus huéspedes piden a la misma oficina que administra la casa, y forman parte del concierge: opcionales, cotizados antes de ejecutarse y facturados a quien los usa. Nunca entran en los honorarios de administración.
Son distintas en cada plaza. Las elige una por una el equipo que opera ahí, y por eso esta página no tiene un catálogo que ofrecerle: tiene el criterio con el que se eligen y el calendario con el que se piden.
Es la parte del concierge que ocurre fuera de la casa: reservas de restaurante, salidas y excursiones privadas, guías, entradas y embarcaciones para una fecha concreta. Se pide cuando hace falta, no corre por calendario, y no existe hasta que usted o su huésped lo piden.
La diferencia con una plataforma de experiencias es quién elige. Un catálogo ofrece lo que tiene contratado; aquí la elección la hace el equipo que opera en esa plaza, encargo por encargo, y por eso una salida en Los Cabos y una en Tulum no se parecen ni en la antelación con que se piden. Si algo no se puede hacer bien, se dice antes y no se propone otra cosa para llenar el hueco.
El resto de los encargos del concierge —traslados, chef y personal en casa, despensa, recepción de entregas— se describen en la página del concierge, y el catálogo entero de la oficina está en nuestros servicios.
El orden no cambia nunca: se pide, se cotiza antes de ejecutar y sólo se ejecuta con su aprobación. Se factura a quien lo usa —usted cuando el encargo es suyo, el huésped cuando es suyo— y ninguno de los dos casos toca el porcentaje de administración.
Cuando el encargo es suyo, aparece como renglón propio en el estado de cuenta del mes, con su comprobante, igual que cualquier otro movimiento de la casa. Ahí se ve lo que se cotizó y lo que se pagó, dicho antes y no después.
Cuando el encargo lo pide un huésped, empieza donde termina el trato de la estancia: la operación de la renta —calendario, entrada, salida, limpieza entre estancias— vive en rentas gestionadas, y lo que el huésped pida de más se cotiza aparte y lo paga él. Esa separación es la razón por la que un huésped exigente no se convierte en un gasto suyo.
Casi todo lo que sale mal en este servicio sale mal por la fecha, no por el proveedor. Esta es la antelación real con la que se piden las cosas, y lo que manda en cada una.
| Encargo | Cuándo se pide | Qué manda en la fecha |
|---|---|---|
| Mesa en una fecha señalada | Semanas; meses si cae en temporada alta | El calendario de la plaza, no el del restaurante. En San Miguel de Allende, en Día de Muertos la ocupación cerró por encima del 98 % en 2023, con más de 110.000 visitantes: esa mesa se aparta cuando se aparta la casa. |
| Guía privado para un día | Días antes; más en puentes y fiestas patronales | La agenda de quien conoce el sitio, que en temporada se llena antes que la del restaurante. Un guía se elige por lo que sabe del lugar, no por la disponibilidad que aparece primero. |
| Salida en barco | Se aparta antes y se confirma el mismo día | El mar. La temporada de huracanes corre del 15 de mayo al 30 de noviembre en el Pacífico y del 1 de junio al 30 de noviembre en el Atlántico, y dentro de esa ventana una salida se confirma por la mañana o no se confirma. |
| Excursión o comida de playa en el Caribe | Con el mes elegido, no con el día | El sargazo, que ocupa de abril a octubre con pico de junio a agosto, deja limpios los meses de noviembre a abril y en 2026 llegó a Quintana Roo ya en enero, meses antes del arranque típico de abril. |
| Salida atada a un vuelo o a un tren | Con el boleto | La logística de la zona. En Tulum, el aeropuerto Felipe Carrillo Puerto abrió el 1 de diciembre de 2023 y el Tren Maya tiene aquí dos paradas: la hora a la que hay que salir de la casa depende de cuál se use. |
Una fecha imposible se dice el día en que se pide. Es más útil que una confirmación que se cae la víspera.
Quien acompaña a su familia o a sus huéspedes durante un día entero entra en su casa, sube a un coche con ellos y responde por lo que pase mientras están fuera. Conviene saber que existe un padrón donde mirar: el Registro Nacional de Turismo es el catálogo público de prestadores de servicios turísticos del país, y estar dado de alta no es un detalle administrativo cuando el encargo dura ocho horas y termina de noche.
Por eso la elección se hace una por una y en la plaza. Un guía privado en Ciudad de México y uno en San Miguel de Allende no se eligen con el mismo criterio, y ninguno de los dos se elige desde otra ciudad.
Tulum. Lo que condiciona una salida aquí es el mar y la energía. El sargazo decide el mes de una comida en la playa, y la franja costera de la carretera Boca Paila opera sin drenaje sanitario ni conexión eléctrica, con plantas eléctricas propias: una cena para la casa llena, ahí, empieza por confirmar el combustible del generador.
San Miguel de Allende. No hay mar ni temporada de huracanes: manda el calendario. El centro histórico está en la lista de la UNESCO desde 2008, y las fechas que llenan la ciudad se conocen con años de anticipación. Una mesa o un guía para esas fechas se piden con meses, y quien los pide en octubre para el Día de Muertos ya llegó tarde.
Los Cabos. Aquí el calendario lo trae el avión: en julio de 2025 el tráfico del aeropuerto fue 59 % internacional y 41 % nacional, es decir viajes decididos con meses. Las salidas al mar, en cambio, se confirman el mismo día, y las dos cosas conviven mal si nadie las ordena.
Acapulco es lo contrario: mercado nacional y de fin de semana, que llega manejando y decide con pocos días. Playa del Carmen y Ciudad de México se atienden igual, con equipo propio en cada una. La lista completa está en las zonas donde trabajamos.
No es una agencia de viajes ni una plataforma de experiencias: no vendemos paquetes, no revendemos entradas y no tenemos un catálogo que colocar. No es un servicio abierto al público: se atiende a los propietarios de las casas que administramos y a quien se hospeda en ellas.
Tampoco es el cuidado de la casa —eso corre por calendario y se describe en la administración integral—, ni la operación de la renta. Y no hay tarifas en esta página: cada encargo se cotiza sobre su fecha, su plaza y lo que realmente pide.
La valoración privada no compromete a nada: se revisa la casa, la zona y cómo la usa usted, y se le entrega el resultado por escrito.
¿Prefiere escribir antes de agendar? Use el formulario de contacto.
La misma oficina que administra la casa, por el mismo canal por el que pide usted. La reserva se cotiza antes y se factura a quien la usa, de modo que un huésped exigente no se convierte en un gasto suyo.
No. Son servicios adicionales, aparte de la administración: se contratan por uso, se cotizan antes de ejecutarse y se facturan a quien los usa. Si en doce meses no pide ninguno, no le cuestan nada.
Sí, y se elige uno por uno, no de una lista. La fecha se propone según el mes —el sargazo ocupa de abril a octubre— y la hora de salida según por dónde llegan, que en Tulum puede ser el aeropuerto o cualquiera de las dos paradas del Tren Maya.
Con meses cuando la fecha es señalada, y con semanas el resto del año. En Día de Muertos la ocupación de la ciudad cerró por encima del 98 % en 2023: esa mesa se aparta cuando se aparta la casa, no la semana anterior.
No, y es deliberado. Las opciones son distintas en cada plaza y las elige una por una el equipo que opera ahí, porque un catálogo ofrece lo que tiene contratado y no lo que conviene ese día.
Se avisa antes de que nadie salga de la casa y se reprograma o se cancela según lo acordado al cotizar. En temporada de huracanes —del 15 de mayo en el Pacífico y del 1 de junio en el Atlántico, hasta el 30 de noviembre— una salida se confirma la mañana misma.
Recibirá por escrito, en 48 horas, cómo se administraría su casa y qué encargos de concierge tienen sentido en su zona.