El vuelo privado es uno de los encargos de concierge de esta oficina. Usted da la fecha, el destino y cuántos viajan; el operador, los permisos, la tripulación y el traslado hasta la puerta de la casa quedan coordinados por quien ya administra la propiedad. GEMA no opera aeronaves, no las posee y no vende horas de vuelo: coordina el encargo y responde por él.
Un vuelo privado a Tulum, a Los Cabos o a Cancún no termina cuando el avión toca la pista. Termina cuando la puerta de la casa está abierta, el aire acondicionado lleva un rato encendido y hay agua fría adentro. Ese último tramo es el que suele quedar sin dueño, y es la razón por la que este encargo se pide a la misma oficina que tiene las llaves.
El encargo tiene cuatro eslabones y una entrega. Los cuatro se resuelven antes de la fecha; la entrega es la casa abierta, y es la parte que ningún operador cubre.
Lo que no hacemos es volar. No somos operador de aviación privada ni corredores de aeronaves, y este servicio no es una membresía ni un bloque de horas: es un encargo que empieza cuando usted lo pide y termina cuando la puerta se cierra detrás de usted.
Son cinco pasos y ninguno ocurre sin el anterior. El tercero es suyo, y sin él no hay encargo.
Aquí no hay tarifa publicada, y tampoco un rango. El costo de un vuelo privado en México es del operador y depende de la aeronave, de la ruta, de la fecha y de cuántos viajan: cualquier cifra escrita en una página, sin esos cuatro datos, es una cifra que se desmiente sola. Usted la recibe por escrito antes de aprobar el encargo, que es el momento en que sirve.
La regla de cobro es la del concierge: es opcional, se cotiza por uso y se factura a quien lo usa. No está incluido en los honorarios de administración —que son un porcentaje sobre los ingresos, netos de gastos— y no lo estará nunca, tampoco cuando el vuelo lo pide un huésped: en ese caso lo paga el huésped, no usted. El resto del catálogo está en nuestros servicios.
El vuelo se parece bastante entre una zona y otra; lo que cambia es lo que pasa después de la pista. En las zonas donde administramos hay tres situaciones distintas, y cada una se planea con otro reloj.
Un vuelo privado a Tulum cambió de mapa hace poco: el aeropuerto Felipe Carrillo Puerto abrió el 1 de diciembre de 2023 a unos 20 km del pueblo. Antes, una llegada a Tulum se planeaba desde Cancún y el tramo de carretera era la mitad del viaje; hoy la decisión de aeropuerto es parte de la cotización y no una consecuencia de ella.
Un vuelo privado a Los Cabos llega a un destino que vive del aire: su aeropuerto cerró 2025 con 7,5 millones de pasajeros y en julio de 2025 el tráfico fue 59% internacional contra 41% nacional. Eso quiere decir plazos largos y fechas pedidas con meses. A eso se suma un calendario que no se negocia: la temporada de huracanes del Pacífico corre del 15 de mayo al 30 de noviembre, y un vuelo dentro de esa ventana se acuerda sabiendo cómo se cancela y cómo se reprograma, no averiguándolo el día del pronóstico.
Un avión privado a San Miguel de Allende no existe como tal: la ciudad no tiene aeropuerto propio, el vuelo aterriza en otra y el último tramo es carretera. Aquí el que manda es el calendario de fiestas —en Día de Muertos la ocupación cerró por encima del 98% en 2023, con más de 110.000 visitantes—, y una llegada en esas fechas se pide con meses, igual que la mesa y el chef.
No es una aerolínea, ni una operadora, ni un corredor de aeronaves: no vendemos horas de vuelo, no vendemos membresías y no tenemos flota. Tampoco es un servicio incluido: quien lo lea como parte de la administración lo estará leyendo al revés.
No es una línea abierta a cualquier hora. Cada encargo tiene un responsable y un plazo, acordados al cotizarlo, y si el plazo depende de un tercero se lo decimos entonces y no después.
El encargo se define en la valoración privada, junto con el resto del servicio: qué llegadas suele tener su casa, quién aprueba los encargos y quién los paga. Así, el día que usted dé una fecha, la conversación empieza por el vuelo y no por explicar la casa.
La solicitud también se abre desde contacto.
No. Coordinamos el operador, los permisos, la tripulación y el traslado hasta la casa, y respondemos ante usted por el encargo completo; volar es del operador, que se contrata para esa fecha y esa ruta.
Depende del operador, de la aeronave, de la ruta, de la fecha y de cuántos viajan, y por eso no publicamos tarifa ni rango en esta página. Usted recibe la cotización por escrito antes de aprobar el encargo, y sin su aprobación no se ejecuta nada.
Sí: el vuelo y el traslado se cotizan y se coordinan como un solo encargo, con el vehículo y el conductor asignados a esa llegada. Es el tramo que una cotización de aviación no cubre y el que decide a qué hora tiene que estar lista la casa.
Sí, y se dice al solicitarlo porque cambia quién recibe la factura: el encargo se cotiza por uso y se factura a quien lo usa. Un vuelo pedido por un huésped lo paga el huésped, y aparece igualmente como línea propia en el reporte del mes.
Depende de la fecha y de la zona, y se lo decimos al cotizar. En temporada alta y en fechas señaladas —Día de Muertos en San Miguel de Allende, el invierno en Los Cabos— la respuesta honesta son semanas o meses, no días.
Sí, y la diferencia práctica está en tierra: Tulum tiene aeropuerto propio desde diciembre de 2023, Cancún y Los Cabos tienen el suyo, y San Miguel de Allende no, de modo que allí el último tramo es siempre carretera. La cotización dice, para cada caso, dónde aterriza el vuelo y cuánto dura lo que sigue.
En la valoración se acuerda qué llegadas suele tener su casa, quién aprueba los encargos y quién los paga. Recibirá el resultado por escrito.