Usted dice el día, la hora y cuántos vienen. Lo que sigue —la despensa hecha, el chef confirmado, el personal en la casa cuando usted abre la puerta— lo organiza la misma oficina que administra la propiedad. Es uno de los encargos de concierge: opcional, cotizado antes de ejecutarse y facturado a quien lo usa. No entra en los honorarios de administración.
Un chef privado en casa para una cena, para un fin de semana o para una estancia completa; personal de servicio adicional cuando la ocasión lo pide. Se pide encargo por encargo: si en doce meses usted no pide ninguno, este servicio no le cuesta nada.
Un chef y, cuando hace falta, las manos que lo acompañan. El encargo se arma sobre tres piezas, y usted pide una, dos o las tres:
La lista no es cerrada. Si lo que usted necesita no está aquí —una cocinera para los días en que la casa se renta, un servicio de mesa para una fecha señalada, un proveedor local para algo que solo se consigue ahí— se pregunta y se cotiza igual, o se le dice que no. Lo que no hacemos es prometer un catálogo: los proveedores los elige, uno por uno, el equipo que opera en cada zona.
Son seis pasos y ninguno de ellos ocurre sin su aprobación. El primero es una frase suya; el último es un renglón en su reporte.
Es la parte que conviene dejar acordada una sola vez, antes de la temporada, para no negociarla a las nueve de la noche con alguien de pie en la cocina.
| Quién lo pide | Quién lo aprueba | A quién se factura |
|---|---|---|
| Usted o su familia | Usted, antes de que empiece el encargo | A usted, con CFDI, y como línea propia en el reporte del mes |
| Un huésped, durante una estancia | Usted fija la regla una vez; el huésped confirma la cotización | A quien lo pidió, que normalmente es el huésped, y nunca como costo de la casa |
| Usted, para una fecha con proveedores externos | Usted, encargo por encargo | El proveedor factura a nombre del propietario; el comprobante se archiva con el expediente de la casa |
Cuando la casa se renta, el calendario, el trato con el huésped y la entrada y la salida son rentas gestionadas, y ya están contratadas. Un chef que el huésped pide para el sábado no lo está: se cotiza como encargo y lo paga quien lo pidió. Los dos caminos terminan en el mismo sitio, que es el reporte mensual, donde cada encargo se lee por separado del resto de los gastos de la propiedad.
Una cena para la casa llena no se organiza igual en las siete zonas, y lo primero que cambia no es la cocina. En la franja costera de Tulum, que opera sin drenaje sanitario ni conexión eléctrica y trabaja con plantas eléctricas, confirmar el combustible del generador es parte del encargo de cocina: sin energía no hay refrigeración, y sin refrigeración la despensa de una casa llena dura horas. Un chef privado en Tulum se confirma después de esa revisión, no antes.
En San Miguel de Allende el límite es el calendario. En Día de Muertos la ocupación cerró por encima del 98 % en 2023, con más de 110.000 visitantes: para esas fechas, un chef y el personal de la casa se piden con meses, y la respuesta honesta a una petición de la víspera es que no existe. Un chef privado en Los Cabos, en cambio, se planea alrededor del agua: la de San José del Cabo se distribuye por tandeo, en turnos programados por OOMSAPAS, y una casa llena consume más de la que consume vacía. Eso se resuelve antes del menú.
En las siete, el orden es el mismo: primero se revisa si la casa puede sostener el día, después se confirma quién cocina.
Cada encargo se cotiza antes de ejecutarse y se factura por separado. No hay cuota fija, no hay paquete mensual, no hay mínimo de encargos al año y no publicamos tarifas: el costo de un chef privado por día depende del menú, del número de personas, de la fecha y de la zona, y una cifra escrita aquí sería falsa en seis de las siete.
Nuestros honorarios de administración son un porcentaje sobre los ingresos, netos de gastos, y este servicio queda fuera de ese porcentaje. Es la misma regla de todos los encargos de concierge: se factura a quien lo usa. No es una cortesía ni un beneficio que usted ya haya pagado; un propietario que nunca pide un chef nunca aporta un peso a este servicio.
Lo que se cobra son dos cosas: lo que cuesta el proveedor y el trabajo de encontrarlo, briefearlo y responder por el resultado. Dicho antes, no después.
No es una plantilla de personal permanente en su casa, no es un servicio de comida a domicilio con carta, y no es un catálogo de chefs entre los que usted elige por fotografía. Es un encargo: se pide, se cotiza, se ejecuta una vez y se cierra.
Tampoco es el cuidado ordinario de la propiedad. Las revisiones programadas, el mantenimiento y los proveedores fijos corren por calendario dentro de la administración integral, y no dependen de que usted pida nada. El resto del catálogo está en nuestros servicios.
Este encargo se define junto con el resto del servicio, en la valoración privada: qué suele necesitar su casa, quién aprueba cada petición y qué pasa cuando la pide un huésped. Así, el día que usted escriba «somos ocho el viernes a las nueve», la conversación empieza por la cena y no por explicar su casa.
La solicitud también se abre desde contacto.
No. Es un encargo opcional que se cotiza antes de ejecutarse y se factura a quien lo usa, con CFDI. Un año sin pedirlo es un año sin un solo cargo por este concepto.
Lo paga quien lo pidió, que normalmente es el huésped. Usted fija la regla una vez —qué puede ofrecerse y hasta qué monto— y después la cotización va al huésped, no a su cuenta.
Depende de la fecha y de la zona, y se lo decimos al cotizar. En temporada alta la respuesta honesta son semanas o meses: en San Miguel de Allende, con Día de Muertos por encima del 98 % de ocupación, un chef pedido la víspera no existe.
Sí, y es lo que más se pide. Usted manda la lista, la compra se hace antes de su llegada y queda guardada en su lugar, con agua potable en la casa.
El chef puede ser el mismo; lo que cambia es quién responde. Aquí el encargo lo coordina la oficina que tiene las llaves, sabe si la casa puede sostener esa cena y deja el comprobante en su reporte del mes.
En la valoración se acuerda cómo llega su casa a una comida —la cocina, la despensa y quién está dentro ese día—, quién aprueba cada encargo y qué pasa cuando lo pide un huésped. Recibirá el resultado por escrito.