Guía

Temporada de huracanes: dos costas, dos fechas

La temporada de huracanes no abre el mismo día en las dos costas de México. En el Pacífico oriental empieza el 15 de mayo; en el Atlántico —que aquí quiere decir el golfo de México y el mar Caribe— el 1º de junio, diecisiete días después. Una casa en Acapulco y una casa en Cancún no comparten fecha de apertura, y quien tiene una en cada litoral administra dos calendarios, no uno.

Esta guía pone los dos calendarios uno al lado del otro y dice qué le pide cada uno a una casa que casi siempre está cerrada. No describe cómo esta oficina atiende una propiedad —eso está en la administración integral—, sino qué se revisa antes de que la temporada abra, qué ocurre cuando llega un aviso y qué conviene dejar documentado cuando el propietario está a miles de kilómetros.

Terraza cerrada de una casa de ladera antes de la temporada: postigos asegurados, muebles apilados contra el muro y el suelo despejado, bajo luz gris y plana.

¿Cuándo empieza la temporada en el Pacífico y cuándo en el Atlántico?

En el Pacífico oriental la temporada corre del 15 de mayo al 30 de noviembre, y en el Atlántico del 1º de junio al 30 de noviembre. Las dos cierran el mismo día, de modo que toda la diferencia está en la apertura: diecisiete días.

Las fechas son del Centro Nacional de Huracanes, que pronostica para las dos cuencas: la temporada del Atlántico corre del 1 de junio al 30 de noviembre y la del Pacífico oriental, del 15 de mayo al 30 de noviembre. Para México, la cuenca del Atlántico no es una abstracción oceánica: incluye el mar Caribe y el golfo, es decir, el frente de mar de Quintana Roo.

El calendario mexicano dice lo mismo con otras palabras. El Cenapred abrió la temporada de 2026 recordando que el 15 de mayo de 2026 inició la temporada de ciclones tropicales en el océano Pacífico y el próximo 1º de junio lo hará el Atlántico, y añadió el dato que ordena la atención de un propietario: en promedio nos impactan en promedio 5 al año; 3 por el Pacífico y 2 por el Golfo de México y Mar Caribe.

Las dos cuencas tampoco tienen el mismo centro de gravedad. El máximo de la temporada del Atlántico es el 10 de septiembre, con la mayor parte de la actividad entre mediados de agosto y mediados de octubre; en el Pacífico oriental se observa un máximo a finales de agosto, menos pronunciado, con la actividad repartida entre finales de junio y principios de octubre. Un litoral concentra y el otro reparte, y eso cambia cuánto dura la atención, no sólo cuándo empieza.

Los dos calendarios, y las casas de este sitio que caen bajo cada uno:

CuencaAbreCierraMáximo de actividadZonas
Pacífico oriental15 de mayo30 de noviembreFinales de agosto, menos pronunciadoAcapulco, Los Cabos
Atlántico (golfo y Caribe)1º de junio30 de noviembre10 de septiembreCancún, Playa del Carmen, Tulum

Una casa tierra adentro no queda fuera del calendario, sólo entra por otra puerta: lo que llega al Bajío no es el viento del litoral sino la lluvia, y el propio Cenapred nombra la temporada como de ciclones tropicales y lluvias intensas, cuyos efectos incluyen inundaciones e inestabilidad de laderas. Qué pide cada una de estas casas por separado está en las páginas de zonas.

¿Por qué no empiezan el mismo día?

Porque cada fecha resume lo que se ha medido en su propia cuenca durante décadas, y en el Pacífico oriental la actividad arranca antes. No es una frontera física: es una convención estadística, y el propio calendario admite que hay ciclones fuera de esos meses.

La medición está publicada y es comparable. En el Atlántico la primera tormenta con nombre suele formarse entre mediados y finales de junio; en el Pacífico oriental, entre principios y mediados de junio. La diferencia de apertura no inventa nada: pone la fecha oficial unas semanas antes de lo que cada cuenca suele producir.

Y la fecha no encierra el fenómeno. El Centro Nacional de Huracanes lo escribe en la misma página en que la publica: la actividad ciclónica ocurre a veces antes y después de esas fechas. El Cenapred es igual de explícito al describir el inicio de la temporada: son fechas aproximadas pues son fenómenos que obedecen a variables que el ser humano no puede manipular pero sí documentar.

De ahí la consecuencia práctica, que es la única razón por la que estas dos fechas le importan a un propietario: no marcan el día en que empieza el riesgo, marcan el día a partir del cual ya es tarde para preparar la casa. En el Pacífico ese día cae en mayo; en el Caribe, dos semanas y media después.

En el Caribe, además, el calendario del viento no es el único. El del sargazo en Cancún y en la costa de Quintana Roo ocupa sobre todo la primavera y el verano, corre por su cuenta y pide a la casa cosas distintas: es materia de otra guía, no de ésta. Lo que sí conviene retener aquí es que una casa en Cancún atiende dos estaciones que se solapan, y una casa del Pacífico atiende una sola, más larga.

¿Qué se revisa en una casa antes de que empiece?

Se revisa lo que el agua y el viento encuentran primero: cubiertas, bajantes, coladeras, cristales, y todo lo que en una terraza puede convertirse en proyectil. En una casa de ladera se revisa además por dónde corre el agua, porque la que se infiltra en el talud no se ve el día en que llueve.

Esa segunda parte no es una opinión de oficio: está en las medidas que publica el Cenapred para la temporada. Entre las de inestabilidad de laderas figura evitar que el agua de lluvia se infiltre en el subsuelo de las laderas, dando mantenimiento a zanjas, cunetas o contracunetas ubicadas en los cortes de las laderas para que no se acumule el agua, y una que nombra la casa directamente: cuidar que no haya descargas o fugas de agua en las casas ubicadas sobre laderas para evitar la infiltración del subsuelo. Una fuga menor en una casa vacía es un goteo sin consecuencia once meses al año, y en la temporada es agua que entra al talud todos los días sin que nadie la vea.

Por eso la revisión previa cambia según dónde esté la casa. En Acapulco, donde buena parte de las casas se sostienen sobre la ladera y se llega a ellas por escaleras y accesos inclinados, lo primero son los desagües del terreno y el estado de los cortes; frente al Caribe, donde el suelo es plano, lo primero son las carpinterías, los cierres y la sujeción de lo que está a la intemperie.

En las dos, hay una lista corta que se resuelve antes de la fecha de apertura y no después:

Cubiertas, bajantes y coladeras de azotea y de terraza, despejadas y probadas con agua, no sólo miradas.
Postigos, contraventanas y anclajes de cristalería, revisados uno por uno, incluidos los que nunca se cierran.
Todo lo suelto de exteriores —mobiliario ligero, sombrillas, macetas, tendederos— con un sitio interior asignado de antemano.
Árboles y ramas sobre cubierta, cableado de acometida y luminarias exteriores, podados y sujetos.
Planta de emergencia, bombas y su tablero, probados en carga, y el combustible verificado.
La carátula de la póliza vigente y su fecha de renovación, a la mano y legible desde el extranjero.

El equipo de alberca merece su propia revisión, porque es lo que más rápido se resiente cuando la casa queda cerrada y el agua se descuida: qué le pide una alberca que casi nadie usa está contado en la guía de mantenimiento de albercas.

¿Qué se hace en las semanas siguientes a un aviso?

Se sigue el semáforo oficial y se deja de improvisar: el sistema mexicano de alerta temprana avisa por colores y puede anticiparse hasta setenta y dos horas. Esas horas se gastan en asegurar y en retirar, nunca en decidir qué hacer.

El sistema tiene nombre y edad. Desde el año 2000 se opera con fines de protección civil el Sistema de Alerta Temprana para Ciclones Tropicales (SIAT-CT), que vigila la evolución de las perturbaciones y, cuando prevé que la trayectoria se acerca al territorio nacional, tiene el beneficio de advertir hasta 72 horas antes de que el fenómeno llegue a un punto geográfico en específico. Las alertas están representadas en un semáforo de cinco colores: azul (el de menor riesgo), verde, amarillo, naranja y rojo (el de mayor riesgo). Los boletines los emite la Dirección General de Protección Civil a los estados y municipios, y el Cenapred indica que pueden ser consultados por la población general en el sitio preparados.gob.mx.

Setenta y dos horas es el techo del sistema, no una promesa de cada caso, y hay un ejemplo fechado que conviene tener presente sin dramatizarlo. El huracán Otis existió entre el 22 y el 25 de octubre de 2023: según el informe del Centro Nacional de Huracanes, se intensificó unos 90 nudos en apenas 21 horas y tocó tierra en Acapulco alrededor de las 06:45 UTC como huracán categoría 5 de 140 nudos. El mismo informe lo registra como el huracán de mayor intensidad en tocar tierra en la cuenca del Pacífico oriental desde que el NHC asumió la responsabilidad operativa de la cuenca en 1988.

El dato no sirve para asustar a nadie: sirve para colocar el esfuerzo donde rinde. Lo que se decide con un aviso encima es poco y tiene que estar decidido de antemano —quién entra a la casa, con qué llaves, qué se retira primero, a quién se avisa—; lo que de verdad protege una casa se hizo semanas antes, cuando la temporada todavía no abría.

Pasado el fenómeno, la prisa es el otro riesgo. El Cenapred recomienda no restablecer la energía eléctrica hasta estar seguros de que no hay cortos circuitos y, entre las medidas posteriores a la lluvia, evitar que el agua quede estancada, pues proliferan los mosquitos transmisores de enfermedades. En una casa cerrada esas dos líneas describen la primera visita completa: energía, agua detenida y lo que la humedad empezó a hacer mientras nadie miraba.

¿Qué documenta un propietario que no está en el país?

Documenta dos estados de la misma casa: el de antes de que abra la temporada y el de los días siguientes al paso de un fenómeno. Sin el primero, el segundo no prueba nada, porque nadie puede decir qué había y en qué condición.

El «antes» es un expediente breve y aburrido, y por eso se pospone: fotografías fechadas de fachadas, cubiertas, carpinterías y equipos; el inventario de lo que hay dentro, con las marcas y los números de serie de lo que tiene valor; la carátula de la póliza vigente con su fecha de renovación; y la lista de quién tiene llaves y quién puede entrar sin pedir permiso. Todo eso cabe en una carpeta y se levanta una vez al año.

El «después» es el mismo recorrido repetido con las mismas encuadres, más la bitácora de lo que se revisó, en qué fecha y con qué resultado. La utilidad de repetir los encuadres es exacta: dos fotografías del mismo punto, con fecha, son una comparación; veinte fotografías sueltas del día siguiente son un álbum.

Que ese expediente llegue al propietario cada mes, con las facturas y los trabajos hechos, es precisamente lo que hace un reporte mensual: el estado de cuenta dice qué se gastó, y la bitácora dice qué se revisó. Quien vive fuera necesita las dos cosas en el mismo sitio, porque revisar la casa a distancia es leer, no mirar.

¿Dónde se consulta el pronóstico oficial, y no el rumor?

Se consulta en el Centro Nacional de Huracanes, que emite avisos para las dos cuencas que tocan a México, y en los boletines del sistema mexicano de alerta temprana. El Cenapred lo dice sin rodeos en su propia página: infórmese en fuentes oficiales.

La frase, literal, es evita hacer caso de rumores y noticias sensacionalistas, infórmate en fuentes oficiales, y aparece junto a la recomendación de tener listo un plan con anticipación. Es el consejo más barato de toda esta guía y el que más se incumple en las horas en que circula una captura de pantalla sin fecha ni origen.

Las fuentes son tres y no hace falta una cuarta. La climatología y los avisos del Centro Nacional de Huracanes cubren el Atlántico y el Pacífico oriental con el mismo criterio; el SIAT-CT traduce esa información en un color y una anticipación para un punto concreto del país; y el material de temporada del Cenapred reúne las medidas por tipo de efecto —viento, lluvia, oleaje, marea de tormenta, laderas—, que es la forma en que le llegan a una casa. El país, además, documenta el tiempo desde hace siglo y medio: desde 1877 el país cuenta con el Servicio Meteorológico Nacional.

Para el pronóstico de la temporada en curso vale la misma regla que para todo lo demás: la cifra con su fecha y su emisor. Para 2026, el Cenapred publicó una expectativa de 18 a 21 ciclones en el océano Pacífico y de 11 a 15 en el Atlántico, en su comunicación del 29 de mayo de 2026. Un número de temporada no dice nada sobre una casa en particular, y ése es justamente el punto: lo que decide el resultado de una casa no es cuántos ciclones se esperan, sino qué se revisó en ella antes del 15 de mayo o del 1º de junio.

Qué le pide el clima a una casa concreta —la ladera y la escalera expuesta en el Pacífico, la sal y el agua detenida en el Caribe— se cuenta zona por zona, empezando por Acapulco.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo es la temporada de huracanes en México?

Son dos temporadas, no una. En el Pacífico oriental corre del 15 de mayo al 30 de noviembre y en el Atlántico —que para México incluye el golfo y el mar Caribe— del 1º de junio al 30 de noviembre, según el Centro Nacional de Huracanes. Las dos cierran el mismo día y abren con diecisiete días de diferencia.

¿Puede haber un ciclón fuera de la temporada?

Sí. El Centro Nacional de Huracanes señala que la actividad ciclónica ocurre a veces antes y después de esas fechas, y el Cenapred describe el inicio de la temporada como fechas aproximadas, porque se trata de fenómenos que el ser humano puede documentar pero no manipular. Las fechas ordenan la preparación, no encierran el fenómeno.

¿Con cuánta anticipación avisa el sistema mexicano de alerta?

El Sistema de Alerta Temprana para Ciclones Tropicales, operado con fines de protección civil desde el año 2000, puede advertir hasta 72 horas antes de que el fenómeno llegue a un punto geográfico en específico, y expresa el nivel de riesgo en un semáforo de cinco colores: azul, verde, amarillo, naranja y rojo. Ese plazo es el techo del sistema y no una garantía de cada caso.

¿Qué conviene revisar en una casa antes de que abra la temporada?

Cubiertas, bajantes y coladeras probadas con agua, cierres y anclajes de cristalería, todo lo suelto de exteriores con un sitio interior asignado, arbolado sobre cubierta, y bombas y planta de emergencia probadas en carga. En una casa de ladera se añade el drenaje del terreno: el Cenapred recomienda cuidar que no haya descargas o fugas de agua en las casas ubicadas sobre laderas para evitar la infiltración del subsuelo.

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